Es curiosa la palabra perfecto. El diccionario de la Real Academia Española dice simplemente de su etimología que viene "del lat. perfectus", y da tres definiciones, la segunda de las cuales es: Que posee el grado máximo de una determinada cualidad o defecto. Esta definición a mí, personalmente, no me gusta. A ver si me explico: no es que crea que hayan definido perfecto de modo estilísticamente incorrecto, o que la definición sea incierta. Lo que quiero decir es, simplemente, que no me gusta. Lo primero que me disgusta de la entrada es la etimología de la palabra: "del lat. perfectus", y ya está. Pues me van a perdonar, pero: "perfecto: del lat. perfectus, pp de perficio (per, facio)". Y así sí. Luego, por supuesto, habría que aclarar algunas de las partes del análisis, pero en primera instancia ya me gustaría.
Una vez llegados al punto en que me gustase, vendría el momento de aclarar las partes turbias. En primer lugar, pp significa particicipio pasado (a algunos les parecerá una tontería de aclaración, pero si no lo sabes puede llevar a confusión). En segundo lugar, perficio significa "llevar a término una acción, terminar", pues se trata del verbo facio ("hacer") con la preposición per (que en composición con verbo indica que la acción ha sido llevada hasta el fin). Por consiguiente, creo que, en realidad, la definición de perfecto, o al menos una de ellas, debería ser: Que ha sido llevado a término, terminado. Así pues, cuando habláramos de, por ejemplo, pretéritos perfectos o imperfectos, estaríamos hablando de pasados acabados o inacabados.
A lo mejor el que lea esto (si es que alguien lo lee) se pregunta de dónde sale el espécimen humano capaz de escribir cosa así. O a lo mejor no. Pero dado que este es mi blog y mis entradas no están articuladas por vuestras preguntas sino por mis pesamientos, voy a responder, aunque no os importe. En origen, esta entrada empezaba con una frase que, a primera vista, no tenía nada que ver con esto en lo que se está convirtiendo. La frase era sencilla: "Yo cuando era pequeña quería escribir libros." Pretendía explicarme a mí misma mediante un discurso más o menos ordenado por qué digo "cuando era pequeña" si en realidad todavía quiero. Y, observando la frase, me he dado cuenta de que usaba el pretérito imperfecto, el pasado inacabado. Con esto quiero remarcar no tanto el hecho de que siga siendo pequeña (que también) como el de que, realmente, cuando digo que quería no digo que haya dejado de querer. No sé si me explico. La idea que me movió a empezar la entrada fue que de pronto pensé que debo de ser una de las pocas personas que acabando el instituto todavía quieren (y, sobre todo, esperan) dedicarse a lo mismo que querían dedicarse cuando tenían cinco años. Aunque la verdad es que, ahora que lo he escrito, no tengo tanto que decir al respecto. No habría dado para una entrada. Suerte que me gusta el latín.
Acabaría con una pequeña conclusión, pero no es lo mío, y menos con tanta necesidad de descanso. Hasta el próximo desvarío.
A lo mejor el que lea esto (si es que alguien lo lee) se pregunta de dónde sale el espécimen humano capaz de escribir cosa así. O a lo mejor no. Pero dado que este es mi blog y mis entradas no están articuladas por vuestras preguntas sino por mis pesamientos, voy a responder, aunque no os importe. En origen, esta entrada empezaba con una frase que, a primera vista, no tenía nada que ver con esto en lo que se está convirtiendo. La frase era sencilla: "Yo cuando era pequeña quería escribir libros." Pretendía explicarme a mí misma mediante un discurso más o menos ordenado por qué digo "cuando era pequeña" si en realidad todavía quiero. Y, observando la frase, me he dado cuenta de que usaba el pretérito imperfecto, el pasado inacabado. Con esto quiero remarcar no tanto el hecho de que siga siendo pequeña (que también) como el de que, realmente, cuando digo que quería no digo que haya dejado de querer. No sé si me explico. La idea que me movió a empezar la entrada fue que de pronto pensé que debo de ser una de las pocas personas que acabando el instituto todavía quieren (y, sobre todo, esperan) dedicarse a lo mismo que querían dedicarse cuando tenían cinco años. Aunque la verdad es que, ahora que lo he escrito, no tengo tanto que decir al respecto. No habría dado para una entrada. Suerte que me gusta el latín.
Acabaría con una pequeña conclusión, pero no es lo mío, y menos con tanta necesidad de descanso. Hasta el próximo desvarío.
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